21 julio 2014

Mujeres novelistas y ejemplos de fuerza y esperanza



El renacimiento de Ana María Matute

A menudo he pensado en ella como ejemplo de fuerza y de esperanza. La vida puede ser cruel e indiferente, puede triturarte


Que las mujeres españolas de esa generación lo tuvieron difícil es algo obvio. Me refiero a la generación de las Ana María Matute, de las Carmen Laforet. De mi madre. Vivieron en su infancia el revuelo de la República, que prometía un lugar para las mujeres. Atravesaron en la adolescencia tardía la guerra, con ese poso de horror y de desesperanza en el ser humano que todo enfrentamiento civil conlleva. Vivieron su primera juventud en la aplastante miseria de la posguerra, una miseria literal y autárquica, con cupones de racionamiento y estraperlistas corruptos, pero además una miseria heladora y moral con vencedores y vencidos, represalias, cárceles, ejecuciones, humillaciones. Y después, para lo que parecía ser el resto de sus vidas, se estableció a plomo el nacionalcatolicismo. La familia ultraconservadora. Las mujeres como reposo del guerrero. El machismo más rampante y feroz. Sobre ellas y contra ellas, que habían crecido creyendo que la vida podía ser de otro modo. Que tenían temperamento artístico, y talento, y cosas que decir.
A principios de los ochenta, las escritoras por entonces primerizas como yo nos preguntábamos qué había sido de esas grandes novelistas que nos precedieron y que parecían haber sido devoradas por la Tierra. Había algunas, claro, como la gran Carmen Martín Gaite, siempre peleona e incombustible. Pero en los cócteles y eventos literarios solíamos decirnos: ¿y la Laforet? ¿Y la Matute? Sobre Laforet, autora de una novela descomunal, Nada, escrita en estado de gracia a los 21 años de edad, hay una biografía magnífica que explica bastante bien, entre luces y sombras, su tragedia: Una mujer en fuga (RBA), de Anna Caballé e Israel Rolón. Ahí se intuye que no pudo enfrentarse a la terrible presión de ser joven y guapa y tener tanto talento; de no ser convencional y tener tendencias homosexuales; de caer atrapada (¿y quién no en aquellas circunstancias?) en un mal matrimonio y en una asfixiante, pequeñísima identidad de mujer en la que se veía incapaz de vivir. Después, una enfermedad neurológica degenerativa la enmudeció para siempre, matándola en vida. O matando lo que quedaba.
Matute, por fortuna, fue diferente. Matute también estuvo a punto de sucumbir, pero siguió peleando. De joven era muy guapa, tenía éxito. Pero también la trituró su tiempo, su sociedad. De nuevo un matrimonio fatal, y la necesidad de separarse cuando nadie lo hacía, y el coste elevadísimo de hacerlo, porque no pudo volver a ver a su único hijo hasta que éste fue mayor. Muchas de las mujeres que, como ella, intentaban ser libres en aquellos momentos, se veían obligadas a mutilar sus vidas de algún modo. La pena y el ostracismo la fueron echando de la vida. Cuando su segundo amor falleció, ella se dio por muerta… Pero no del todo, porque la protegió su imaginación. Durante años, olvidada, sin dinero, sobrevivió en lo cotidiano en gran parte gracias a la ayuda de su agente, Carmen Balcells, que prácticamente la mantuvo (de las cosas increíbles que ha hecho esa gran bruja buena que es Balcells se sabrá algún día); pero sobre todo Matute fue capaz de seguir viva porque siguió escribiendo, año tras año, una novela inmensa que arrastraba por la casa en un carrito. Miles de páginas abigarradas y llenas de talento, de furia, de violencia y amor. Era Olvidado rey Gudú.
Ese libro se publicó en 1996 y fue un acontecimiento literario. Yo tuve la suerte de ser su presentadora; y también tuve la suerte de haber entrevistado a Matute para El País Semanal unas semanas antes. Ya era esa bella y elegante vieja de pelo plateado que fue hasta el final, pero entonces sonreía tapándose la boca porque tenía la dentadura mal. Heridas de los años oscuros. Pero enseguida, a partir de Gudú, renació totalmente. Se cuidó. Viajó. Participó en decenas de festivales y de encuentros. Habló con las nuevas generaciones. Y sonrió. Sonreía muchísimo con sus dientes preciosos y bien arreglados. Coincidí con ella muchas veces. Era de una fragilidad de hierro, de una energía contagiosa. Abría la boca y te quedabas prendido en sus palabras. Embelesaba.
A menudo he pensado en ella como ejemplo de fuerza y de esperanza. La vida puede ser cruel e indiferente, la vida puede triturarte. Lo decía muy bien Laforet en una frase hermosísima de su novela Nada, hablando de las amigas de uno de los personajes, que tiempo atrás fueron jóvenes dichosas y ahora eran mujeres atormentadas y marchitas. Y Laforet decía: “Eran como pájaros envejecidos y oscuros, con las pechugas palpitantes de haber volado mucho en un trozo de cielo muy pequeño”. Qué bien descrito está ese tiempo de plomo que cortaba las alas de las mujeres. Laforet dejó de volar; pero Matute resurgió, porque la vida a veces también es ubérrima y porque el arte nos libra de la mala muerte.
@BrunaHusky, www.facebook.com/escritorarosamontero, www.rosa-montero.com
El País

15 septiembre 2012


Grande, Forges!!!


27 enero 2012

Mago por casualidad, lo último de Laura Gallego


Ya se han desvelado algunas incógnitas sobre el nuevo proyecto de la autora valenciana. El título de la nueva novela será Mago por casualidad. El protagonista de las mil peripecias fantásticas que ocurren a lo largo de sus 189 páginas es conocido como Ratón. El libro estará disponible en las librerías a finales de marzo. Poco más se puede contar. He aquí algunas ilustraciones que aparecerán en el interior de la novela.

30 diciembre 2011

ASÍ HABLA
LA MODA

El exceso de anglicismos no entusiasma a la Real Academia que se esfuerza por dar alternativas al vocabulario de moda español. Pero «sin ser puristas ni papanatas», afirman.

¿Reinará el oversize sobre las pasarelas de 2017? ¿Soportará el colorblock el transcurso de 10 temporadas? Pocas tendencias están destinadas a vencer el paso del tiempo y por este motivo pocas tienen reservado un hueco en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE). «La moda significa vértigo, rapidez, sucesión y sustitución. Pero el trabajo del idioma es todo lo contrario: fijarse en la estabilidad», afirma el secretario de la Real Academia Española, Darío Villanueva, y lo dice con conocimiento de causa. «Lo que hoy está de moda dentro de tres o cuatro años será kitsch. Lo que hoy es cool en el futuro nos hará sentirnos ridículos. No tengo más que mirar mis fotos de adolescente con pantalones acampanados para darme cuenta de ello».

La sede la Real Academia Española y su herramienta estrella: el DRAE.

La institución que vela por la corrección de la lengua española exige

una durísima prueba para entrar a formar parte del Olimpo de los términos admitidos. «No podemos estar a la última en lo que respecta al vocabulario de moda, porque la Academia exige un tiempo de vigencia del vocablo, que suele ser de cinco años». Las tendencias son cambiantes, no suelen perdurar. Aún así, los académicos evitan la radicalidad, según Villanueva. «A la hora de seleccionar los términos hay que evitar dos tipos de excesos. El primero es el purismo absoluto y el segundo es el papanatismo».

La periodista Margarita Riviére, autora de Diccionario de la moda: los estilos del siglo XX (Grijalbo) critica el empeño de decirlo todo en inglés. «Para impactar, los publicitarios están utilizando un lenguaje minoritario que, en realidad, solo usan los expertos».

El imperio anglosajón no preocupa demasiado a los académicos, entre los cuales no figura ningún especialista en moda. Pero sí se quejan de que nos olvidamos de la riqueza del vocabulario español y recuerda que en el siglo XVI éramos los auténticos trend setters.

Must y cool resultan a ojos de la Academia palabras e meras, y por tanto se quedan fuera del Diccionario. Pero fashion y outlet ya han sido incorporadas al Diccionario de Americanismos como anglicismos crudos –se escriben en la forma de la lengua original y en cursiva–. La institución es más proclive a admitir el léxico referido a las prendas, porque permanece más en el tiempo. De hecho, blazer y top se incluyeron en la 22ª edición del DRAE, publicada en 2001. Sin embargo, reniegan de la expresión top model. «Me parece una aberración porque es una forma de hablar inglesa, no castellana», sentencia Villanueva. En el léxico referido a los colores se acepta la metonimia, como mostaza y caldera, y la suma de significados, como el blanco roto. Respecto a stilettos, oxford y

peep toes, opina que son pura jerga del sector y, por ello, tienen poca cabida en un diccionario general.

Villanueva presenta su propia batalla personal: «Aunque parezca que no nos interesan estos temas, yo mismo me di cuenta de que la primavera pasada estaba enn todas las zapaterías un calzadoo muy semejante al chapín del siglo XVIII». Él duda de que la palabra acabe por imponerse. Aunque ¡quién sabe! Quizás acabe de darle una idea a un diseñador.

04 noviembre 2011

Laura Gallego recibe el Premio Cervantes Chico 2011

El alcalde de Alcalá de Henares Bartolomé González, presidió ayer la emotiva ceremonia de entrega del Premio Cervantes Chico de Literatura Infantil y Juvenil 2011, a la conocida escritora Laura Gallego.

En la gala han estado presentes la directora general de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, Laura de Rivera; los concejales de Cultura y de Educación, Gustavo Severien y Francisco Bernáldez; el vicerrector de extensión universitaria de la Universidad de Alcalá, Javier Rivera; la directora territorial de Educación, María Dolores Castro y el presidente de la Asociación de Libreros y Papeleros, Manuel Morán.


El alcalde ha señalado que Laura Gallego es “una escritora extraordinaria, con una carrera fulgurante, llena de éxitos y de superventas; joven y con una extraordinaria obra por delante” y premiar a la escritora “es premiar a una de las grandes protagonistas de la esta literatura que cautiva tanto a los jóvenes y a los menos jóvenes”.


Información de culturama.es


Laura Gallego acaba de publicar su último libro: Donde los árboles cantan.


22 octubre 2011